Grace Salazar en el Camino de Santiago

Ultreia: Camino de Santiago

Quién me iba a decir que una decisión tomada hace unos cuantos años, me haría vivir tantas situaciones nuevas, inesperadas, bonitas y complicadas a la vez.

Quién me diría que emprender este viaje sola me daría tantas lecciones de existencia.

Quién me diría que hacer el Camino Portugués por la Costa, desde Viana do Castelo me diría tanto tan ni siquiera yo saberlo ni intuirlo.

Este viaje que emprendí hace exactamente veinte días desde Portugal, comenzó diciéndome muchas cosas que jamás pensé que las escucharía. Pero no las escuché por la calle, de un peregrino o del ruido que nos da la existencia. Las escuché del más allá, de mis padres…. lo sé.

Sinceramente, tenía una idea del camino pero he vivido un peregrinaje diferente que me borró de un plumazo todas las expectativas que tenía del mismo!! pero bueno… hoy no vengo a hablarles de todo lo que viví en él o mejor dicho, hoy dejo por escrito cómo empezó mi Camino de Santiago aún sin haber empezado a “caminar”.

Empecé el camino cansada (se ve en las fotos), feliz, con pensamientos que llevaba años en mi cabeza respecto al camino pero que no fueron los que viví ni experimenté haciéndolo (esto lo supe desde la primera hora que llevaba caminando).

Empecé el Camino de Santiago revuelta emocionalmente, no puedo decir otra cosa, sin embargo, el camino me curó.

Empecé el camino tomando un tren desde Vigo que me llevaría a Viana do Castelo. Me senté y comencé a contemplar desde un viejo vagón de tren, la belleza de la naturaleza gallega. Qué inmensa es la belleza de Galicia.

Empecé a desconectar, a no pensar todo lo vivido… comencé sin saberlo, mi limpieza mental.

Grace Salazar en el Camino de Santiago

Llegué a Viana do Castelo y sin intuirlo, empezaron las señales pero no las fechas amarillas ni azules del camino, empezaron a hablar mis señales de vida.

Cuando comencé a ver (planificar, planifiqué poco la verdad 😌!!) mi viaje, sólo sabía que cerca de Viana do Castelo, había una ciudad llamada Ponte de Lima. Soy de Lima, del país andino por excelencia… Perú.

Llegué a la estación y comencé a caminar por las calles de Viana que las reconocía porque en algún momento de hace ya bastantes años había estado, pero mi mente casi había borrado este recuerdo.

Comencé a disfrutar con mi mochila a cuestas y de este viaje tan esperado desde hace tantos años… Estaba feliz nuevamente por tener un momento para mí y estar a solas por elección propia.

Todo, absolutamente todo, me parecía bonito. La estación de tren que se había quedado paralizada en el tiempo, el mirador de Santa Luzía en todo lo alto acompañado de una gran montaña verde, las calles que iba dejando atrás para dar paso al mar…

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Después de un kilómetro caminando, llegué al albergue Viana do Castelo Pousada y es aquí, cuando de repente la vida me habló. Me habló sin pedirlo, sin pensarlo.

Llegué al atardecer de Portugal bajo un cielo gris encapotado, como el de Lima.

Grace Salazar León en el Camino de Santiago

En mi registro en el albergue, me asignaron la habitación 116, primera sorpresa. La Pousada estaba rodeada de un río. Un río calmado, un río con vida, con barquitas y que albergaba tranquilidad bajo un gran puente de hierro, el puente Eiffel (mi primer viaja sola hace exactamente diez años fue a Paris).

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Al finalizar mi registro y después de hablar con el recepcionista, salimos a la puerta del albergue y le pregunto: ¿cómo se llama este río? y me responde, Lima. Me quedé muy sorprendida, no lo podía creer. No podía ser tanta casualidad… En ese momento me dije:

Grace estás aquí por algo, esto no es casualidad… la vida te está hablando.

Y me estaba hablando porque nací un 16 y mi habitación era la 116, empezaba rodeada de Lima cuando mi ciudad natal está a miles de kilómetros. Estas eran las primeras señales que el camino… mi camino, sería especial.

Estando a pocos metros del río y sabiendo esto, pensé y sentí a mis padres… ellos ya no están aquí desde hace algunos años. Sé que fueron ellos los que me enviaron a Viana porque al establecer el viaje, yo no sabía con exactitud desde donde iniciaría la ruta portuguesa. Sólo sabia que sería desde algún punto que encajara con los días que tenía para “andar” y elegí hacerlo desde este país porque me gusta mucho, es especial… es mi proyección. Y fue un poco desde el desconocimiento, que elegí iniciar mi andadura desde Viana do Castelo.

Grace Salazar León en el Camino de Santiago

Ante esta conjura de “casualidades” me sigo diciendo: el camino habla!. Y sí, habla… pero hay que saber escucharlo. Hay que saber verlo, hay que saber deducirlo, hay que saber caminar en él y hay que saber peregrinarlo. Hay que saber aceptarlo, hay que aceptar que el camino es vida con tramos y momentos tremendamente duros pero con paisajes que te hacen olvidar pensamientos, dolores, emociones y sólo te queda disfrutar y agradecer lo que se está viviendo.

Sé que mis dos estrellas estuvieron permanentemente en mi peregrinación, sé que estuvieron presentes porque fueron ellos (la vida) quienes me hablaron a través de Viana do Castelo, su río Lima, la habitación 116, la Rúa con el mismo nombre del estuario, el puente Eiffel y una fecha de cumpleaños especial.

Y así, bajo la vorágine de emociones encontradas, de pensamientos de un transcurrir de vida, me “preparo” (nunca lo estuve) para comenzar mi peregrinaje al siguiente día…

… Ultreia, viejo saludo de peregrinos que significa “vamos allá” o “sigue adelante”. Con este mensaje seguí adelante, en mi ruta por el Camino Portugués de la Costa.

El camino es así!.

Y sí, ahora mismo cogería otra vez las mochilas y me iría por un largo tiempo… Total, el mundo espera, la vida no.

Grace

PD: Y como veo la vida en amarillo 👘 (verde y naranja), esta canción me acompañó en este escrito.


Datos de interés para peregrinas viajando solas:

  • Llegar a Viana do Castelo es fácil si lo haces desde Vigo. Allí tomé un tren que me costó 9,9 euros y en 1.10 minutos estuve en la ciudad portuguesa.
  • El albergue, Viana do Castelo Pousada está a una distancia prudencial de la estación de tren, el camino es muy bonito porque bordeas el río. Su precio es de 34 euros habitación individual. Es carillo pero lo mereció porque es un lugar tranquilo, limpio y con buena atención. Allí puedes sellar tu credencial.
  • El camino lo inicias justo arriba de la estación de tren, es decir cuando estés en la estación, sube las escaleras (viniendo del mar, a la derecha) y verás una rotonda. Rodea la rotonda y dirígete hacia la izquierda, no hay señales (o al menos yo no las vi) pero esa es la ruta que te llevará por la costa.
  • No tengas miedo a perderte o despistaste, es lo normal. Si no estás segura, pregunta.

Buen camino!

 

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